Las marcas y sus gamusinos

Tengo que reconocer que me gusta escuchar conversaciones ajenas. En el metro, en los bares e incluso frases sueltas de personas que pasan cerca de mí. Me encanta escuchar fragmentos sueltos, recomponer en mi cabeza la conversación completa y hacerme una “película” entera en torno a unas pocas palabras. Esta afición, además de para entrenar la imaginación y entretenerme, me ayuda a entender cómo se relacionan las personas e incluso sus vinculaciones con determinadas marcas.

Una de las cosas que siempre me llama la atención de esta especie de espionaje, es el valor que damos a algunas palabras a la hora de explicar un producto. Mi preferida es megapíxel. El megapíxel es parte ya del vocabulario habitual de personas incluso que no saben lo que es el píxel. Es una palabra que nos han machacado a base de publicidad y todos nosotros, por el megapíxel ma-ta-mos.
He oído infinidad de veces defender un modelo de móvil o cámara por los tropecientos megapíxeles que esta tiene. Como si el tamaño máximo de reproducción de unas fotos (que luego nunca imprimes) estuviera relacionado con la calidad de la cámara, su óptica…

Esto, más allá de la anécdota, me ha llevado a pensar en cómo las marcas utilizan este tipo de palabras para vendernos sus productos. Sustancias, componentes y atributos que no conocíamos y ahora necesitamos. Han pasado incluso a convertirse en el criterio de decisión entre dos productos similares.
En los yogures y productos lácteos son ya un clásico: Bifidus, L-Casei Inmunitas, omega 3, calcio natural...
No es que dude de los beneficios de estas sustancias pero me llama la atención lo impresionables que somos como consumidores. Y sobre todo, la capacidad de algunas marcas por crear diferenciación en sectores tan competitivos y con propuestas de valor tan homogéneas.

Aunque el mayor auge de esta tendencia lo encontramos en la comida y su vinculación con la salud y el “científicamente probado”, está presente en muchos otros sectores. Compresas con perlas activas y cottonlike, hornos con pirólisis, aguas de mineralización débil, jabones con pH neutro…

Pero esto no es nuevo, hace unos años Volkswagen ya llevó al extremo esta táctica con su modelo de coche Polo.
Después de prometer “ ¡y la luna!” en sus anuncios, nos sorprendió a todos con el Ziritione. El nuevo Volkswagen Polo salía al mercado con Ziritione de serie. Woooooouuu
Poco tardamos en saber que el Ziritione no era nada.

Y a mi todo esto me recuerda a los entrañables gamusinos. Esos animales que nadie sabe qué son pero que todos intentamos cazar.

Published by: MARINA GOÑI in Sin categoría

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